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El primer mandamiento


No tendrás dioses ajenos delante de mí. 
(Éxodo 20:3)

     El antiguo pueblo de Israel estaba rodeado de naciones que adoraban a "otros dioses". Dagón, con un cuerpo mitad pez y mitad hombre, era la deidad preferida de los filisteos, una nación que colindaba con Israel por el lado oeste. Ellos esperaban de él buenas cosechas y abundantes pescas, que significaban prosperidad. Los fenicios, vecinos de Israel por el norte, preferían a Astoret, diosa de la fertilidad. Su culto era especialmente popular porque se celebraba con borracheras y orgías. Al oriente de Israel los moabitas adoraban a Quemoz y los amonitas a Moloc. Ambas eran deidades implacables que exigían sacrificios humanos, pero la gente las adoraba con todo fervor, entregando hasta sus propios hijos para ser quemados en sus altares, Estaban dispuestos a hacer esto porque pensaban así asegurarse el poder de estos dioses para resolver sus problemas.   



   Hoy en día las cosas han cambiado. La cultura popular ya no presta atención a figurillas de barro, pero el dinero, el sexo y el poder siguen ocupando el lugar supremo en los afectos de millones. La próxima vez que pase por un puesto de revistas, observe cuáles son los temas más populares. Fíjese también cómo vive la gente, cómo viste, qué escucha, de qué conversa, a qué dedica su tiempo y su energía. Fácilmente podrá comprobar la verdad.

   Entonces, pregúntese cuál ha sido el resultado, hasta la fecha, de la adoración de estos "dioses ajenos". Como los de antaño, son deidades que se vuelven contra sus adoradores y los devoran.

   Hoy el ferviente culto rendido al dios Sexo ha dado como fruto el SIDA. ¿Por qué será que nadie menciona la solución más sencilla y más obvia? No es que sea tan difícil descubrirla. La decisión más clara y efectiva es que demos la espalda a este dios asesino y una vez más respetemos la integridad de la familia y el carácter sagrado de los votos matrimoniales.

   Pero no, lo que hacen los políticos es clamar a su otro dios Dinero, diciendo:
—El año entrante dedicaremos todavía más millones para encontrar el remedio. Tenemos que descubrir una vacuna contra este mal, para que puedan continuar ustedes con su estilo de vida sin temor a las consecuencias.

El mandamiento del amor

    El primer mandamiento está escrito en forma de prohibición, pero lo que prohíbe revela lo que ordena. Nos apartamos de los "otros dioses", los que engañan y destruyen. Pero lo hacemos para amar y servir al único Dios verdadero.

   Un día preguntaron a Jesús cuál era el primer mandamiento de la ley. En respuesta, él no citó el texto del mandamiento como aparece en Éxodo 20:3, sino su expresión positiva que se encuentra en Deuteronomio 6:5. El dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento" (S. Mateo 22:37, 38).

   En otro momento, Satanás le presentó a Cristo "todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrándote me adoras" (Mateo 4:8, 9). Era un ataque directo y descarado al primer mandamiento. Constituía un paquete que lo encerraba todo: dinero, sexo y poder. "Todo esto puede ser tuyo", le dijo.

   Aquí sí se da lógico esperar que Jesús le contestara citando el texto de Éxodo 20:3. Pero esta vez se refirió a otra expresión positiva del mandamiento, la de Deuteronomio 10:20: "Al Señor tu Dios adorarás, y solo a él servirás".

   En ambos casos, el Señor no enfocó su atención en los dioses falsos. No mencionó lo que el mandamiento prohíbe, sino lo que ordena.

¿Por qué es primero este mandamiento?

   Muchas personas creen de alguna manera en Dios, pero no llegan al punto de concederle el primer lugar en sus vidas. Pero este es el único lugar que puede ocupar si, en realidad, es Dios. Por eso este mandamiento ocupa el primer lugar. Mientras no le demos a Dios su lugar, y no lo hagamos Señor y Soberano de nuestra vida, los otros nueve mandamientos serán simples reglas morales sin más valor que miles de otras ideas buenas.

   La pregunta no es: ¿Ya tengo una comprensión plena y completa acerca de Dios y su voluntad para mi vida? Tampoco es: ¿Soy suficientemente bueno como para que me acepte? ¿Ya estoy obedeciendo los otros mandamientos? No se puede llegar al primer mandamiento obedeciendo los otros nueve, sino que hay que llegar a los otros a través de este.

   Hay una pregunta que es muy sencilla, pero sumamente importante: "Estoy dispuesto a concederle a Dios su debido lugar? ¿Estoy dispuesto a darle la primacía en todo?" De eso se trata este mandamiento.

   La obediencia al primer mandamiento se encuentra perfectamente resumida en Deuteronomio 10:12: ¿Qué requiere de ti el Señor tu Dios, sino que temas al Señor tu Dios, que andes en todos sus caminos, que le ames y que sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?.

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