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Abigail: no se permitió ser víctima de las circunstancias

Abigail, aunque era la esposa de un hombre malvado, estaba llena del Espíritu de Dios. Con sabiduría y humildad intervino con consejos llenos de tacto e impidió el derramamiento de sangre cuando David estaba listo para vengarse. ¿Te has sentido alguna vez víctima de las circunstancias? ¿Has deseado alguna vez poder estar en otra parte? ¿O ser otra persona? Considera, entonces, al personaje de esta semana: Abigail. Ella era una mujer inteligente y hermosa pero, desagraciadamente, estaba casada con Nabal, un hombre egoísta, de visión muy corta y malvado; un descendiente de Caleb, pero de ningún modo parecido a su estimado antepasado. Nabal pudo haber sido rico, pero su nombre, o sobrenombre, que significa “necio”, refleja con exactitud su carácter.

En el tiempo de Abigail y Nabal, los casamientos eran arreglados de antemano, y probablemente Abigail no haya tenido otra opción que aceptar las circunstancias, que parecían estar contra ella en un casamiento como este. Las condiciones no eran favorables, pero la vislumbre que se nos da de la vida de Abigail nos anima a no ser víctimas de las circunstancias. Ella no trató de escapar de la realidad; veía su situación en forma realista (1 Sam. 25:25), pero no permitió que las circunstancias la arruinaran. Decidió crecer donde había sido plantada.

“En el corazón del prudente reposa la sabiduría; pero no es conocida en medio de los necios” (Prov. 14:33).


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